¿Fábricas de vino o casas productoras?

La globalización no solo trae evolución, también trae problemas, bajas calidades, masificación sin control, engaños y demás; dadas las condiciones del mercado del vino nos vemos avocados a un sinnúmero de etiquetas que nos llevan a la confusión total, reservas que no son reservas, vinos llenos de mezclas, origen dudoso, que si corcho, que si screwcap, que tapón sintético. En fin, un tema de nunca acabar pero que finalmente lleva al consumidor a ser más exigente, a estudiar el tema. Definitivamente no toca ser experto; el mundo del vino es infinito pero al final del ejercicio de beberlo y disfrutarlo, la nariz y la boca nunca mienten, nos gusta o no y de ahí la eterna búsqueda de esa botella que tanto nos enamoró del caldo de la uva.

Acá es donde encontramos muchas barreras para disfrutar. Lo primero y más importante, el precio del vino; no es factible que sigamos escogiendo las botellas por precio, no siempre el más caro va a ser el mejor, de hecho, muchas veces pensamos en el más costoso simplemente para quedar tranquilos con nuestra decisión, lo que hace de ese vino uno mal elegido, siempre deberá primar el momento y la compañía para saber qué escoger.

Los productores de vinos finos se toman la tarea en serio: buenas tierras, buenas uvas, barricas impecables y obviamente narices que definen cómo elaborar, cuándo recoger la uva y así mismo la prensa y demás procesos; en este momento es cuando realmente nos encontramos con una bodega productora de buenos caldos, esa es la gran diferencia a tener miles de hectáreas llenas de uva sin control alguno y solo dedicarse a recoger, estrujar y fermentar para masificar el número de botellas.

Si está animado y quiere incursionar en el mundo del vino, déjese sorprender, pero tenga la mente abierta para probar y probar, hasta encontrar su gusto personal.

Al ser un tema multicultural, conviene tener en cuenta ciertas variedades que dependiendo de su origen se muestran de mejor manera. Casos como el Carmenére de Chile, el Cabernet Sauvignon de Francia, el Shiraz Australiano o el Malbec de Argentina, son solo algunos de los referentes de cada país, no por esto las demás uvas también sorprenderán sin duda alguna.

Y ahora sí, mis recomendaciones para 3 ocasiones distintas:

Plan paseo: un vino alegre y que complace a los más exigentes, es el Pasión 4 Bonarda de Luján de Cuyo en Mendoza, Argentina. Es un vino de profundo color rojo púrpura matizado en tonalidades negras y violetas. Brillante y vivaz, expresivo en frutos rojos y del bosque, moras, frambuesas y grosellas, con un toque de confituras glaseadas. Tiene una delicada presencia de chocolate blanco y un elegante toque de tabaco. Dulce en boca, armonioso, robusto, de intenso final. Su riqueza estructural denuncia frutos maduros y un delicado paso por el roble.
Plan con invitados a la casa: mi recomendación es elaborar un menú ligero y amable, y compartir con un vino de mayor complejidad ya que ser anfitrión así lo amerita. El vino Finca Torremilanos Crianza de la Ribera del Duero en España, acompañaría muy bien carnes rojas y quesos potentes. Es un vino de intenso color y gran viveza. Su aroma tiene una ligera expresión especiada y de torrefactos en un principio, que va dando paso a matices de uva fresca que nos evoca a frutos rojos y negros con tonos balsámicos de tomillo. En la boca tiene una textura suave, armoniosa, aterciopelada, carnosa y jugosa, con una gran frescura mineral que acompaña a un elegante tanino.
Plan cena romántica: recomiendo empezar con un vino blanco suave, seco, de poco cuerpo para no saturar la boca. Con la cena no se puede dudar de un gran vino, uno que acompañe las palabras del romanticismo y que sea muy amable al paladar, como el Caliterra Edición Limitada M del Valle de Colchagua en Chile. Elaborado con Carmenére y Malbec, este vino posee un profundo color rojo cereza, con ribetes azulados. En nariz resaltan los aromas frescos a frutos del bosque acompañados de notas especiadas a hoja de tabaco, pimienta negra, complementadas con elegantes notas a café. En boca, impresiona por su elegancia y gran volumen. El envejecimiento en barrica le otorga además fineza y persistencia, lo que deja presumir un gran potencias de guarda.

Andrés Rueda lleva más de 20 años en el mundo del vino, es importador de vinos finos con J.E. Rueda Y Cia S.A. / Buenvivir, compañía que lleva 36 años en el mercado. Estudió sobre viticultura en Chile en el año 2000 y ha dedicado su vida a transmitir la pasión por el vino. Año tras año sus viajes por los distintos países productores lo han llevado a enriquecer su conocimiento y actualmente maneja todas las catas y eventos de Buenvivir en Colombia.

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